Aaahh, Dublín, qué preciosa ciudad. Gente macanuda, música por todas partes, buena onda, cerveza, muchos pubs, más cerveza, fácil de caminar y con una historia tremenda. Creo que es difícil no enamorarse de la capital de la Isla Esmeralda, o al menos no guardarle cariño.

Dublín tiene todo para que la pasen bien, y a todo lo que decía recién se le puede sumar que no es una ciudad cara —ni les digo si el destino anterior fue Londres.

Acá también nos quedamos en un hostel, excelentemente bien ubicado, muy barato y como el grupo se había achicado pasamos a una habitación compartida pero más chica con la suerte (o no) de que la cama extra que había quedó vacía durante nuestra estadía. Lo gracioso es que el baño tenía un ventanal enorme y la cortina estaba medio rota entonces de repente te encontrabas sentado en el trono con una bella panorámica de el Trinity College que está enfrente.

A Dublín fuimos medio sin querer. El viaje que teníamos ya tenía unas paradas predefinidas: Atenas, Londres y París. Pero entre Londres y París había como 10 días de diferencia, así que partimos eso a la mitad y nos fuimos cinco días para Dublín, que la verdad disfrutamos un montón. Ya el primer día vimos la final de la Copa América que ganó Uruguay; aprendimos de historia, de la linda y de la no tan linda, como la gran hambruna que hizo estragos en toda la isla a mediados del siglo XIX; salimos de joda todos los días; vimos castillos, museos, duendes, parques, etcétera.

Y ahí me quiero detener, porque hay un parque que puede llegar a pasar desapercibido. Está como enquistado en una manzana rodeada de edificios y, si uno no llega por la entrada, capaz ni lo ve —a diferencia de otros como St Stephen’s Green, Merrion Square o el enorme Phoenix Park. Este parque se llama Iveagh Gardens.

Los Iveagh Gardens tienen una larga historia, de unos 300 años, y fueron cambiando de manos entre condes y lores hasta que, recién en 1939 y después de una primera petición que había sido rechazada, Lord Iveagh le obsequió los terrenos a la nación con la condición de que se mantuvieran como jardines y no se usaran para edificar. Así los Iveagh Gardens se convirtieron en un parque público.

Antiguo Palacio de Exhibiciones de Dublín, hoy Iveagh Gardens Foto Tolfraedic para Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

Llegar al parque no tiene mucho misterio, aunque los llamen jardines secretos, pero sí hay que hacer una pequeña vuelta para encontrarlos. En general la mayoría va a St Stephen’s Green, que es uno de los parques más conocidos, pero si siguen unas pocas cuadras hacia el sur van a encontrar esta joyita. Si se fijan en el mapa, están uno casi al lado del otro, pero como les comentaba, los Iveagh quedan un poco escondidos entre edificios.

Ubicación de los Iveagh Gardens Captura de Google Maps

Si comparan el diseño de 1865 con cómo se ve hoy desde arriba, el lugar se mantiene prácticamente incambiado, aunque ya sin el Palacio de Exhibiciones.

La gran vedette es la cascada, pero también hay un laberinto, una especie de glorieta inmensa, rosedales, fuentes y muchos espacios verdes. Una de las cosas que más nos gustó es que se notaba un lugar que, con buen clima, muchos locales aprovechan para cortar el trabajo del mediodía e ir a almorzar ahí, sentados en el pasto. Y no sé cómo seguirán de secretos, pero en aquel momento era un lugar poco frecuentado por turistas, así que se podía aprovechar para desenchufarse un poco del viaje en sí —que a veces uno está tan metido en todo lo que quiere ver y hacer que, si se pasa de rosca, no lo disfruta tanto. Así que están ideales para copiarles a los locales y pasar un rato de picnic. Eso sí, tengan cuidado, porque estos parques (y creo que todos en general) tienen horarios de apertura y cierre.

Antes de terminar les quiero comentar de otros jardines, bastante más pequeños y mucho más solemnes. Al norte de los Iveagh Gardens, a unos 30 minutos a pie prácticamente en línea recta y cruzando el río Liffey, está el Garden of Remembrance, unos jardines que conmemoran a los caídos en la independencia irlandesa. Están muy lindos también; es de esos lugares que quedan silenciosos y se nota que demandan respeto. Si uno los mira desde arriba, va a notar que la parte de la piscina tiene forma de cruz católica, y en el fondo se ve una escultura que domina el lugar, muy bonita, basada en la leyenda de la mitología irlandesa de los niños de Lir, sobre unos niños que son convertidos en cisnes. También están ideales para desenchufarse de los ruidos de la ciudad.

Y con los niños de Lir de fondo y una bandera irlandesa flameando al viento, me despido hasta el siguiente posteo.

Escultura de los niños de Lir en el Garden of Remembrance Foto Mo ainm para Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)