Abandonamos Europa y nos venimos a Sudamérica por un rato.
Resulta que una vez, por mucha (pero que mucha) casualidad, hice un crucero (esa tal vez pueda ser otra historia) y el barco se detuvo por el día en Ilha Grande, Brasil. Bajé, pasé el día y, cuando subí, me dije “a este lugar tengo que volver, pero con tiempo”. Y así fue como se gestó la visita a este lugar.
Ilha Grande es una isla en el estado de Río de Janeiro, bien enfrente a Angra dos Reis. Y es relativamente grande, porque con sus 193 km² es más grande que Liechtenstein, por ejemplo, aunque no está ni cerca de ser de las islas más grandes.
La historia de Ilha Grande poco tiene que ver con el paraíso que podemos visitar hoy, y poco tiene que ver con el turismo también, porque allá por los siglos XVI y XVII era zona de piratas, hasta que el reinado portugués estableció una zona de cultivos de café y caña de azúcar, con mano de obra esclava, por supuesto. Ya para el siglo XIX seguían llegando esclavos a la zona, pero ahora la isla se convirtió en su lugar de cuarentena con la construcción de un leprosario. Y si eso ya les parecía un montón, queda contarles que para 1940 se convirtió en el penal Cándido Mendes, que albergó presos políticos durante la dictadura brasileña, para finalmente ser demolido en 1994.
Ruinas del leprosario — Foto ilhagrande.org
Todas estas actividades no muy atractivas tuvieron una consecuencia positiva, y es que el ecosistema de la isla en general se conservó bastante, y esto, sumado a que se abrió al turismo hace relativamente poco, hace que estemos delante de una joyita de esas que no quedan muchas.
Cómo llegar
Llegar a Ilha Grande no es difícil, pero puede ser un viaje un poco largo. Hay varias formas de hacerlo, pero la que hicimos nosotros, que creo que es la más común, fue: vuelo Montevideo–Río de Janeiro, bus Río de Janeiro–Angra dos Reis, y barco Angra dos Reis–Ilha Grande.
Algunas puntualizaciones al respecto. Primero, que llegar a Río y no quedarse, aunque sea dos o tres días, sería una lástima. Además, hay que tener en cuenta que hay que conjugar el horario del bus y del cruce en barco, así que es muy difícil que puedan hacer todo en un día. Nosotros nos quedamos 2 noches en Río y, en la mañana del tercer día, nos fuimos a la rodoviaria para tomar el Costa Verde, que es el bus que te lleva a Angra. Son unas 3 horas de viaje con una parada cortita, pero el viaje está bueno porque vas bordeando la costa con lindas vistas. Luego, en Angra, hay varias formas de cruzar, pero la más sencilla es buscar la embarcación municipal que sale al mediodía y demora aproximadamente una hora en llegar a Vila do Abraão, que es el poblado principal.
Vista de Angra desde la barca de cruce — Foto A Veces Viajo
Terminado todo este preámbulo y llegados a Ilha Grande, ¿vamos a pasear?
El pueblo
Una de las mejores cosas de este lugar, y que es algo que yo valoro mucho, es que no hay autos: hay que ir a pie a todos lados, y la única alternativa, que tiene su costo, son los taxiboat, que te pueden llevar a distintas playas. Pero dentro de Abraão uno no puede andar en lancha, así que el pueblo es casi 100% peatonal. Hay algunos vehículos, tipo carrito de golf, que ofician de ambulancia, bomberos, policía o traslado de mercancías.
Tampoco hay cajeros automáticos ni bancos, así que hay que calcular el dinero que uno lleva, aunque sí aceptan tarjetas en varios lugares.
En cuanto a los alojamientos, en general son posadas y hostels; no esperen ver mega cadenas hoteleras (por suerte), aunque sí hay algunos resorts con sus lujos a lo largo de la isla.
Para comer hay de todo y todo está buenísimo. Con opciones callejeras súper económicas o restaurantes a la carta que manejan precios más altos, pero de todo lo que probamos podemos decir que se come muy bien en general. Igual, lo mejor, aparte de las caipirinhas, son los jugos naturales: todavía me acuerdo cómo el tipo exprimió y exprimió naranjas hasta llenarme un vaso de medio litro, creo que fueron ocho.
Lo imprescindible: cascada, parque y playa
Lleva varios días recorrer todo lo que hay en la isla, pero creo que hay tres lugares que son imprescindibles: la Cachoeira da Feiticeira, el Parque Estadual da Ilha Grande y la playa de Lopes Mendes. Así que si no pueden ir muchos días, está bueno priorizar.
Para llegar a la Cachoeira da Feiticeira hay que pasar por el Parque Estadual, así que se pueden disfrutar dos lugares en un día. Y un consejo para todas estas caminatas: aunque sea zona de playas, olviden las chancletas y lleven siempre un buen calzado deportivo y una mochila con agua y alguna fruta o algo para picar, porque hay algunas que llevan al menos un par de horas y no van a encontrar puestos de venta de cosas en cualquier lado.
Parque Estadual da Ilha Grande — Foto A Veces Viajo
La entrada al Parque Estadual queda sobre uno de los lados del pueblo y es gratuita. Es un camino sin dificultades y no demasiado largo. Ahí, además de admirar la naturaleza y cruzarse con algún bicho (difícil igual), se puede pasar por la Praia Preta, de arenas negras, y conocer las ruinas del leprosario que, a mi parecer, son bastante tenebrosas. Pero una de las mejores cosas que se pueden ver es el acueducto, del mismo estilo que los que hacían los romanos.
Acueducto de Ilha Grande — Foto ilhagrande.org
Es ahí, en el acueducto, que hay un cartel que dice que hacia adelante está la Cachoeira da Feiticeira, pero que el camino no está señalizado. No se alarmen, porque no es complicado de seguir; lo que sí hay que tener en cuenta es que es como una hora más y con muchas subidas. Si no quieren seguir hacia allá, se puede continuar el camino del Parque Estadual, que es como un circuito. Para quienes decidan seguir, la recompensa vale la pena, porque van a llegar a una cascada con piscina natural que es una hermosura. El único consejo que puedo darles es que vayan temprano en la mañana, para evitar que haya mucha gente y tener la suerte de que ese día no todos hayan pensado lo mismo, o no hayan leído este post.
Cachoeira da Feiticeira — Foto A Veces Viajo
Sobre la playa de Lopes Mendes, les puedo contar que se preparen para una caminata de unas dos horas y media, con algunos tramos de más dificultad, pero con muchas recompensas. Siempre está la opción de pagarse un taxiboat y hacer el camino fácil, pero no vinimos hasta acá para hacer el camino fácil, así que pongan el despertador temprano, armen su mochila, pónganse su buen calzado y arranquen para el otro lado del Parque Estadual, en la otra punta de Abraão.
El camino a Lopes Mendes les regala playas, algunas bien chiquitas y que, si tienen suerte como nosotros, probablemente estén desiertas. Les regala andar por la jungla, subir a lugares con preciosas vistas, y les regala la preciosa playa de Lopes Mendes: un playón (no debe existir esa palabra) de tres kilómetros de extensión, con arenas blancas y olas grandes. Acá sí pueden encontrar algún vendedor que tenga un buen sánguche de atún y una buena guaraná para recuperarse un poco.
A la vuelta se pueden ir a la playa de Pouso, que es la última antes de llegar a Lopes Mendes y volver en lancha al pueblo para no tener que caminar dos horas y pico nuevamente con el riesgo de que los agarre la noche entre los morros y la jungla. Esa es la última playa a la que llegan los transportes porque a Lopes Mendes al ser mar abierto y bastante picado no se meten.
Vista de Abraão desde el camino a Lopes Mendes — Foto A Veces Viajo
Si todavía tienen ganas de caminar y trillan la playa, van a poder llegar a un mural que fue hecho en una boya que cayó de un barco y encalló en la arena. Aunque ya no es el mismo mural que estaba cuando nosotros fuimos.
El paseo de Jero
Después hay muchas más cosas para hacer: rapel, kayaking, snorkeling, o excursiones en barco o lancha a distintas playas y zonas de la isla. Sobre esto, les quiero recomendar el paseo de Jero.
A Jerónimo lo conocimos porque iba por las mañanas al hostel donde nos quedábamos, y un día lo escucho hablando de unos tours, no sé qué, y medio que no le di mucha pelota. Entonces le pregunto a Diego, que atendía la recepción, y me dice que le diera para adelante, que con Jero estaba “tudo legal” y que el tour estaba bueno. Y la verdad que tenía toda la razón, así que gracias Diego y gracias Jero por la tremenda excursión que nos diste.
Nos fuimos de mañana temprano en su barquito, junto con Pepa (su perra), tres argentinos (Jerónimo es argentino) y una familia alemana, a una zona a la que no va ninguna otra excursión. Tomamos cervezas, caipis, comimos frango asado en la playa, anduvimos en kayak de una playa hacia otra, hicimos snorkel, conocimos historias de la isla y la Igreja da Freguesia de Santana, y volvimos navegando de noche al pueblo. Una experiencia increíble.
Ah, lleven linterna, porque puede haber cortes de energía, y mucho repelente para mosquitos, que se pueden poner intensos. Para graficarles un poco, una noche, creo que fue la primera o segunda, volvíamos al hostel por la playa desde una punta del pueblo y nos topamos con una migración de cangrejos. En principio vimos unos pocos, pero cuando prendo la linterna estaba toda la playa tapizada de unos cangrejos blancos enormes que bajan de la jungla hacia el mar. Fue solo esa noche, y la verdad que eran totalmente inofensivos más allá del tamaño, solo había que tener cuidado de no pisarlos. Después se veían unos pocos rezagados, pero la verdad que la primera vez daba un poco deimpresión.
Paseando en kayak por la zona de Praia dos Macacos — Foto A Veces Viajo
Como les decía más arriba hay muchas, muchísimas cosas más para hacer en la isla. Desde subir al Pico do Papagaio, el punto más alto y al que solo puede llegarse con guía y algo de experiencia, dar la vuelta completa o media vuelta a la isla en lancha, visitar el otro poblado Dois Ríos que a nosotros nos quedó muy pendiente y muchas cosas más.
Y una última cosa, si planean ir con niños o gente muy mayor, tengan en cuenta todas las caminatas que hay y que no hay actividades estrictamente pensadas para niños más que trillar la naturaleza, hacer mucha playa y meter pata como locos. Así que piensen en que deben tener cierta edad y tener cierto gusto por el movimiento al aire libre, además de toda la travesía para llegar, pero es un lugar increíble y que nos queda muy cerca desde Uruguay por ejemplo.