Antes de empezar quiero aclarar que no soy fanático de los itinerarios en un día y para nada recomiendo visitar una ciudad como Londres en un día solo, de hecho nosotros estuvimos cuatro días, pero hubo un día que hicimos todo esto.
Llegamos a Londres desde Atenas, y las diferencias se notan enseguida. Lo primero, el tamaño: no es que Atenas sea chica, pero Londres es como varias ciudades en una. Lo segundo, y el choque más fuerte, son los precios. Atenas es barata, y Londres es lo contrario: carísima, bastante más que muchas otras capitales europeas. Con el agregado de que tenés que cambiar de moneda, porque salís de la zona del euro y pasás a las libras esterlinas, que también salieron un huevo. Así que entrás a Londres perdiendo plata de movida. Y yendo al como llegamos, que en Atenas había sido un poco más complejo, acá todo fluyó sin problemas. Tomamos un metro desde el aeropuerto que nos dejaba a dos cuadras del hostel y listo el pollo.
Hablando del hostel en que nos quedamos, era este. Clásico hostel, unos tres o cuatro pisos por escalera, habitaciones compartidas y el desayuno en el subsuelo. Nosotros paramos en un cuarto para doce personas porque éramos nueve ya que nos habíamos juntado con parte del grupo con el que venía viajando mi esposa antes de encontrarnos en Santorini. La verdad, un poco caro para lo que ofrece, pero la ubicación es muy buena.
Como Londres es una ciudad enorme, hay millones de cosas para hacer. Lo que les propongo es un paseíto a pie que hicimos de verdad, medio sin querer queriendo, fue saliendo solo. Avisados quedan: hay que patear bastante.
Dónde nos quedamos
El hostel queda en la zona de Hyde Park. Pero como el parque tiene 142 hectáreas, decir “me quedé en la zona de Hyde Park” es como decir “me quedé en la ciudad de Tacuarembó”. Para ubicarlos mejor: estábamos a una cuadra del Museo de Historia Natural y a la vuelta del Royal Albert Hall. Una zona que no es barata, pero es muy linda.
Del Hyde Park no voy a decir mucho acá, porque se merece un espacio propio: también tiene de todo adentro, y con ese tamaño ya se imaginan por qué.
Buckingham y el cambio de guardia
Lo más cercano y conocido es el Palacio de Buckingham, con su famoso cambio de guardia. Y acá va mi opinión sincera: ir corriendo a ver el cambio de guardia no tiene nada de espectacular, solo un montón de gente. Si quieren ver Buckingham, mejor pasen cuando no está, lo van a disfrutar más. Nosotros fuimos igual y estuvo bien, pero no es algo como para madrugar y organizar el día alrededor de eso. No da.
Palacio de Buckingham — Foto Jean Carlo Emer para Unsplash
Westminster y el Big Ben
Desde Buckingham seguimos hacia el este, rumbo al Támesis. A pocas cuadras está la Abadía de Westminster, y esta sí vale la pena. Por fuera es imponente, y por dentro también, aunque la entrada no es barata. Más allá de lo que cada uno piense sobre tanta opulencia —tema para otra discusión—, es de esos lugares que te explotan la vista: colores, oro y una arquitectura del carajo.
Cruzando la calle está el Palacio de Westminster con el famosísimo Big Ben. ¿Cómo no vas a ir? Aunque sea para la foto de rigor con la torre del reloj. Al palacio no entramos, pero de afuera ya vale la pena.
El Big Ben y el Palacio de Westminster desde el London Eye — Foto A Veces Viajo
El London Eye, parada obligatoria
Cruzamos el Támesis por el Puente de Westminster (muy creativos para los nombres, ya se nota). Del otro lado está el London Eye, y esta parada para mí es obligatoria. Es turística y hay que aflojar unas buenas libras, pero hay que subirse. Es “el ojo de Londres”: una rueda gigante de 135 metros desde la que ves toda la ciudad.
Nosotros subimos con tormenta, lo que le sumó su color. Si las alturas les dan miedo, tranquilos: no es la típica rueda al aire libre de parque de diversiones. Acá vas en una cápsula cerrada y vidriada, súper segura, donde entran unas 30 personas y hasta hay lugar para sentarse —con un par de muebles podrías vivir ahí adentro.
Que entre tanta gente por cápsula tiene una ventaja: aunque se haga fila, avanza rapidísimo. La experiencia incluye además un corto en 4D, de esos que te mojan, te sopla el viento y se mueve la silla. Aclaro que el corto lo ves antes de subir a la rueda/noria. La vuelta completa dura media hora, así que no subís y bajás en cinco minutos: vas tranquilo y te da para sacar quichicientas fotos. Dato extra: es la atracción turística más popular del Reino Unido, con más de tres millones de visitantes al año. Más gente de la que vive en todo Uruguay.
El London Eye — Foto A Veces Viajo
Southwark y el Borough Market
Al bajar, seguimos la curva del Támesis hacia el noreste hasta el municipio de Southwark, uno de los lugares que más me gustó. Quizás influyó que paró la lluvia y salió un sol divino —pequeño detalle: Londres no se destaca por su buen clima. Fuimos en verano y ligamos días hermosos, pero no es lo habitual.
Acá está el Borough Market, ideal para reponer fuerzas con los distintos lugares de comida callejera. Nosotros caímos al puesto de un tano que vendía algo entre choripán y hamburguesa, riquísimo, con picante y todo. Alrededor hay zonas verdes para sentarse y otra catedral, bastante más chica que la de Westminster. Un lugar muy lindo para cortar el recorrido.
Borough Market — Foto Bruno Martins para Unsplash
Bankside y el teatro de Shakespeare
Bien cerca está Bankside, donde se levanta el Globe, el teatro donde Shakespeare presentaba sus obras. También está el Rose, donde Shakespeare estrenó una obra por primera vez. Al Globe se puede entrar —nosotros no lo hicimos—; es una reconstrucción del original. Del Rose, más antiguo, se conservan los cimientos y las ruinas.
Esta zona era la de los teatros, los burdeles y los barrios bajos: en el siglo XVI, el under de la ciudad. Y algo de esa mística quieren conservar, porque está lleno de espectáculos de terror, que te invitan con folletos por todos lados. Una zona súper pintoresca, con el mercado al lado para comer algo a eso del mediodía.
El Globe — Foto JOE Planas para Unsplash
El Puente de la Torre y la Torre de Londres
Para cerrar, seguimos bordeando el Támesis. En esta zona está el Puente del Milenio, bastante icónico, pero el que nos lleva al final es el Puente de la Torre. Al cruzarlo se llega a la City de Londres, el núcleo histórico de la ciudad. Y ahí nomás está la Torre de Londres que, en realidad, no es una torre: es un castillo.
Si mirás un mapa, la Torre queda justo en el centro, y la ciudad creció a su alrededor. Es enorme, y si les gustan las cosas medievales —a mí me gustan— les va a encantar: hay hasta catapultas armadas afuera. Tiene más de 900 años, una locura.
El Puente de la Torre — Foto Chan Lee para Unsplash
Y con esta visita liquidamos el paseo de un día. Los dejo a ustedes buscando dónde cenar, seguro opciones no les van a faltar.
Vale la pena
Londres, más allá de lo cara, es una de las ciudades más famosas del mundo: dos mil años de historia y de todo para ver. Vale la pena ir, y vale la pena tomarse unos cuantos días, porque en un raid de dos o tres no le hacés justicia. Me quedan cosas en el tintero —Piccadilly Circus, la casa de Sherlock Holmes, Notting Hill (muy lindo) y más—, pero con cuatro días uno se va con una linda idea de la ciudad.